viernes, 31 de marzo de 2017

La romería de los ataúdes y la Procesión de las mortajas



Los asiduos lectores de este blog sabéis que Galicia es una tierra donde la tradición y los espíritus van de la mano, así lo hemos podido ver en distintas entradas a lo largo de estos años como por ejemplo San Andres  de Teixido, Semana santa en Ferrol, Pena Molexa.


Las que os traigo en el día de hoy son otro buen ejemplo de ello, La romería de los ataúdes Santa Marta de Ribarteme as Neves (Pontevedra) Y la Procesión de las mortajas da Pobra do Caramiñal (Coruña), ambas con la misma premisa, que aquellos que han sobrevivido a la muerte han de asistir a su propio funeral.

Esta primera cobra un carácter especial pues en ella se podrá ver algún que otro penitente introducido en un ataúd solicitando la intervención milagrosa de Santa Marta con el fin de sanar de una grave enfermedad o como muestra de agradecimiento por alguno de los favores en los que ésta tenga mediado. Durante la procesión, la imagen de Santa Marta es acompañada por San Benito y la Virgen del Carmen.

La romería de los ataúdes se celebra todos los años el 29 de julio en honor a Santa Marta, era la hermana de Lázaro, y tras la muerte de Jesucristo se vio obligada a abandonar su hogar. Sus actos milagrosos comenzaron en de Marsella al resucitar a un ahogado que pretendía acercarse a ella. Es abogada de los que están en peligro de muerte.

La recomendación dada por un obispo en 1700 al párroco de Santa Marta para que arreglara la iglesia con el dinero de los devotos, es la primera referencia histórica de esta celebración. Su antigüedad es presumiblemente mayor, ya que en esa época se registraba una importante afluencia de romeros.

La segunda se enclava en la villa coruñesa da Pobra do caramiñal situada en la imponente ría de Arousa, del que era asiduo  el ilustre Don Ramón María del Valle-Inclán, que más de seguro asistió a esta curiosa tradición en innumerables ocasiones y que es muy posible que tomara alguna nota de ella para su esperpentos.

La tradición se celebra durante el tercer domingo de septiembre, cuando se encuadra las festividades del Nazareno. Aquellos que las vicisitudes de la vida los han acercado a la muerte deben ofrecer y marchar en procesión con cirios y lo que iban a ser sus propios féretros como agradecimiento por haberse salvado, lo más impactante que resulta es que no hay un límite de edad y se han visto a niños en procesión

Según cuenta la tradición del siglo XV que cuando el regidor de la villa, se encontraba a las puertas de la muerte, rogó por su salvación a Cristo, hizo que le fabricaran un ataúd y así al día siguiente, tercer domingo de septiembre, fue en procesión detrás de este y de la imagen de Cristo.