jueves, 17 de octubre de 2013

Galicia, tierra de comunión del hombre y el caballo




Cada verano tiene lugar en Galicia uno de los ritos más espectaculares de nuestra cultura ancestral: la bajada de caballos bravos del monte, su marcado y el corte de sus crines. Una tradición que encuentra su máximo exponente en la "Rapa das Bestas" de Sabucedo. Un parroquia del municipio de A Estrada, en el interior de la provincia de Pontevedra, donde el encuentro anual entre los “aloitadores” (los encargados de lidiar con las bestias) y los caballos es un acontecimiento que reúne a cientos de aficionados.
Hombres y caballos cuerpo a cuerpo, en una lucha limpia, sin ventajas, sin cuerdas, sin palos o cualquier otro elemento que coarte la libertad de movimientos del animal, en un enfrentamiento que desde 2007 está declarado Fiesta de Interés Turístico Internacional.



La fiesta
La “Rapa das Bestas” se celebra todos los años el primer fin de semana de julio. Comienza el viernes con la subida al monte para reunir a las manadas de animales, aunque éstos realmente no bajan hasta el día siguiente.
El sábado por la mañana, al alba, salen ya las primeras personas, unas a pie, otras a caballo, a buscar a los cuadrúpedos. Es una tarea difícil, ya que la extensión suele ser de 200 km², pero la experiencia de la gente y el seguimiento en días anteriores, hacen relativamente fácil la localización de las manadas. Nada más juntarlas, empieza la tarea de guiarlas y bajarlas hacia el pueblo, donde cientos de vecinos y visitantes aplauden en el curro (recinto cerrado donde se recogen los caballos) la llegada de tan impresionante comitiva.
Esa misma tarde, se empieza con los curros. Primero se separan los potros y los ejemplares más jóvenes, tarea que le toca a los niños y adolescentes del pueblo, para que así vayan tomando contacto con el ritual. La “Rapa das Bestas” de Sabucedo mantiene la pureza de la tradición y es que, a diferencia de otras celebraciones de este tipo, en ésta no se utilizan cuerdas, palos o aparatos para reducir al animal. Los “aloitadores” usan su fuerza y destreza, así como su experiencia, para sujetar al caballo.
La lucha se establece entre tres hombres (también hay mujeres) y un caballo. En este equilibrio de fuerzas, un “aloitador” salta sobre el animal. El segundo, cruza el brazo por encima de la cabeza del caballo, le tapa con su pecho un ojo y le coge el mentón por el lado opuesto. El tercero es “el rabo”. Con golpes a los lados trata de que el animal no traccione. Nada más acabar, los cuadrúpedos son devueltos a su estado semisalvaje, sin daños aparentes salvo el susto. Los que sí suelen tener algún percance leve son los “aloitadores”, aunque son muy pocos los casos que pasan de una simple magulladura o moratón.



Otras celebraciones
La “Rapa das Bestas” de Sabucedo es la más antigua y tradicional de cuantas fiestas de este tipo se celebran en Galicia. Data de mediados del siglo XVI y se conmemora bajo la protección de San Lourenzo, a quien se encomienda el pueblo en la misa del amanecer del primer día de curro.
No obstante, A Estrada no es el único ayuntamiento gallego que acoge celebraciones similares. En la provincia de Pontevedra, otros como Oia, Gondomar, Cotobade y A Cañiza celebran también sus curros. En A Coruña municipios como Cedeira y A Pobra do Caramiñal tampoco se pierden su cita anual con los caballos. Finalmente, podemos ver otras rapas sonadas en Lugo, concretamente, en Viveiro, Mondoñedo y Ferreira do Valadouro.



El caballo de pura raza gallega
Sobriedad y resistencia son las características principales del caballo de pura raza gallega. Durante milenios fue el sustento alimenticio del hombre y, posteriormente, se usó como animal de guerra de los ejércitos; pasando, en tiempos de paz, a ayudar en las tareas de nuestros campos. Se convirtió así en el acervo natural, cultural, social, ambiental e histórico de nuestra tierra.
Un factor clave en el delicado proceso de conservación histórica de las poblaciones de caballos en libertad en Galicia fue la extrema rusticidad de nuestros montes. Este medio natural, en el que se desenvuelven desde siempre, ejerció de barrera frente a las mezclas que desvirtuaron casi todas las razas que pastoreaban antaño las tierras de la Península Ibérica. Por este motivo, el caballo de pura raza gallega tiene como valor añadido el poder observarlo en su medio natural y, también, cumpliendo nuevas funciones en el ámbito de la equitación y del desarrollo rural.
Los caballos gallegos explotados en régimen de libertad en nuestra comunidad se distribuyen, sobre todo, por la zona suroeste de Pontevedra, zonas central y norte de la provincia de Lugo y en la zona noroeste de la provincia de A Coruña. Viven en áreas de amplias sierras y montes, con pocos árboles, abundante vegetación arbustiva y con poca o ninguna población humana en su entorno.
A diferencia de otros cuadrúpedos, la orientación productiva del caballo de pura raza gallega no es la producción cárnica. Estos animales son muy aptos para la práctica de la equitación en todas sus modalidades, tanto deportiva de competición como de ocio. Se utilizan también para paseos y rutas de turismo ecuestre, pruebas de salto de obstáculos, horseball, enganche ligero o andadura gallega. Además, por su temperamento tranquilo y noble, resultan muy válidos para centros de hipoterapia, es decir, para la equitación terapéutica destinada a personas con discapacidad o aquéllas que trabajan para su reinserción social.

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